¿Miedo? Sólo cuando hay razones para sentirlo
¿Y qué temer? El Barcelona no puede sentir miedo. Es el mejor. La lógica simpatiza con el conjunto culé. A la estadística la ha cautivado. Los récords caen livianos sin resistencia. En noviembre, el Inter sucumbió en el Camp Nou. Débil. Devorado con exquisitez. Anulado sin resistencia.
Era un partido de la fase de grupos. Un aperitivo. Hoy se trata de una delicatessen. Alta cocina. El Barcelona y el Inter de Milán se juegan el pase a semifinales. La ventaja es italiana. El poderío, ibérico. Duelo de penínsulas. Derbi mediterráneo. Italia reclama el legado romano. Al mar Mediterráneo le llaman Mare Nostrum. El Barcelona se muestra generoso. El mar es suyo. En Catalunya sólo se pretende la victoria. La auténtica gloria nunca fue material.
Fue un 2-0. El resultado válido. ¿Qué se debe temer cuando se porta el estandarte más honorable, cuándo ningún enemigo tiene categoría para ensombrecer semejante porte valiente, cuando al presente adversario se le noqueó con maestría en un pasado reciente? Barcelona sueña con lo posible. Sólo se trata de ser uno mismo.




